Live Reviews
RHAPSODY W/CHOIR & ORCHESTRA en Chile: La Travesía Definitiva por las Tierras Encantadas
Antes de adentrarnos en lo vivido aquella noche, no está de más dedicar unas líneas a una banda que, aunque ampliamente reconocida dentro del metal, podría ser desconocida para algunos lectores. En la historia del Power Metal encontramos nombres fundamentales que ayudaron a definir el género, como los pioneros alemanes HELLOWEEN, BLIND GUARDIAN, GAMMA RAY y muchos otros. Sin embargo, existe una agrupación que llevó la épica, la fantasía y la grandilocuencia sinfónica a un nuevo nivel: los italianos RHAPSODY.
Fundada en la ciudad de Trieste en 1993 por Luca Turilli y Alex Staropoli, la banda se convirtió con el paso de los años en uno de los máximos referentes del Power Metal Sinfónico. Su propuesta combinó veloces riffs de guitarra, arreglos orquestales, influencias de música barroca, folk y bandas sonoras cinematográficas, dando vida a composiciones que perfectamente podrían acompañar una gran producción de fantasía épica.
Pero el legado de RHAPSODY va mucho más allá de lo musical. A lo largo de su discografía construyeron un universo propio repleto de héroes, dragones, magos, reinos y antiguas profecías. Su obra más emblemática es la Emerald Sword Saga, una historia que sigue las aventuras del Warrior of Ice en su lucha contra el Señor Oscuro Akron en el mundo de Algalord. A través de cinco discos, el héroe emprende la búsqueda de la legendaria Espada Esmeralda, reúne aliados, supera antiguas pruebas y lidera la resistencia contra las fuerzas del mal. Lo que comienza como una aventura de exploración termina convirtiéndose en una guerra a gran escala cuyo desenlace definirá el destino de las Tierras Encantadas.
Con el paso de los años, la historia de la banda también estuvo marcada por importantes cambios. Primero debieron adoptar el nombre de RHAPSODY OF FIRE debido a problemas legales relacionados con la marca original, y más adelante llegaron transformaciones aún más significativas con la salida de dos de sus figuras más emblemáticas: el guitarrista y fundador Luca Turilli, seguido posteriormente por la partida del vocalista Fabio Lione. Ambos continuaron desarrollando distintos proyectos musicales hasta que, años después, volvieron a reunirse junto a otros músicos históricos de la agrupación para celebrar el legado de la banda en una serie de giras que permitieron a miles de fanáticos revivir gran parte del material clásico de los primeros discos.
Aquella reunión fue evolucionando con el tiempo hasta desembocar en RHAPSODY W/CHOIR & ORCHESTRA, una propuesta inédita que busca llevar la experiencia de sus composiciones a una nueva dimensión, incorporando coro y orquesta en vivo para recrear de manera más fiel el carácter sinfónico y cinematográfico que siempre ha definido su música.
En lo personal, esta no era la primera vez que veía a esta formación sobre un escenario. Tuve la fortuna de asistir a una de las primeras giras de reunión, pero la propuesta presentada en esta ocasión era completamente distinta. La posibilidad de escuchar estas canciones acompañadas por coro y orquesta añadía un atractivo especial a una banda que me ha acompañado durante años y cuya música ha estado presente en distintos momentos de mi vida. Por ello, las expectativas para esta noche eran tan altas como inevitables.
Hoy teníamos la oportunidad de vivir algo que durante años pareció imposible, una idea reservada únicamente para los sueños más ambiciosos de cualquier amante del Power Metal: presenciar a RHAPSODY acompañada por coro y orquesta, interpretando las canciones que marcaron a generaciones enteras de fanáticos. Una experiencia que prometía mostrar la obra de los italianos en su máxima expresión, tal como muchos la imaginaron al escuchar aquellos discos repletos de héroes, dragones, magos y antiguas profecías.
Así que ajusten sus armaduras, preparen sus espadas y monten sus corceles. Los dragones sobrevuelan los cielos de Algalord, los unicornios recorren los bosques encantados y las Puertas de Marfil están a punto de abrirse una vez más. La invitación estaba hecha: emprender un último viaje por las Tierras Encantadas junto a los músicos que ayudaron a dar vida a una de las sagas más emblemáticas en la historia del metal.
Con un leve retraso y un Teatro Caupolicán completamente repleto, a eso de las 21:05 horas comenzaron a escucharse las primeras narraciones de fondo mientras la orquesta, liderada por su director Nicolás, tomaba posiciones sobre el escenario. Los primeros aplausos y vítores no tardaron en aparecer cuando las notas de In Tenebris comenzaron a llenar el recinto. Y es que no se trataba de una introducción cualquiera; para muchos de los presentes era el inicio de algo que durante años parecía imposible de presenciar. La atmósfera era simplemente épica, una de esas intros que inmediatamente logra transportar al público a las Tierras Encantadas de Algalord.
Poco a poco fueron apareciendo los integrantes de la banda: Alex Holzwarth tras la batería, Patrice Guers tomando el bajo, Dominique Leurquin en la guitarra rítmica y Luca Turilli empuñando la guitarra principal. La expectación aumentaba segundo a segundo hasta que, tras aquella monumental introducción, irrumpieron los demoledores riffs de Dawn Of Victory. Instantes después, Fabio Lione hizo su entrada triunfal al escenario, desatando una explosión de energía en todo el teatro.
Difícilmente podrían haber escogido una mejor forma de comenzar el concierto. Desde los primeros minutos quedó claro que la apuesta de combinar banda, coro y orquesta había resultado un éxito. Personalmente, tenía ciertas dudas respecto al equilibrio sonoro entre tantos músicos sobre escena; temía que algunos instrumentos pudieran perderse o que la mezcla terminara saturándose en los momentos más intensos. Sin embargo, desde esta primera canción y durante toda la presentación, cada elemento encontró su espacio. La potencia de la banda convivió perfectamente con la riqueza de la orquesta y los coros, permitiendo apreciar cada arreglo y cada detalle de las composiciones.
El público, por supuesto, ya estaba completamente entregado. Miles de voces acompañaban a Fabio mientras el Caupolicán retumbaba al unísono con el inolvidable coro de “Gloria, gloria perpetua…”, convirtiendo los primeros minutos del show en una auténtica celebración para los seguidores de RHAPSODY.
Fabio Lione se dirige al público para agradecer la calurosa recepción y rápidamente lanza un desafío: quiere escuchar la voz de todos los presentes acompañándolo en la siguiente canción. La elegida sería Wisdom Of The Kings, una de las composiciones más queridas por la fanaticada rhapsodiana, perteneciente al imponente Symphony Of Enchanted Lands, segundo trabajo de estudio de la agrupación y una pieza fundamental dentro de la legendaria Emerald Sword Saga.
Como sería una constante durante toda la noche, la orquesta tomó protagonismo desde los primeros compases, ejecutando con elegancia y precisión las majestuosas melodías que abren la canción. Las cuerdas aportaban una profundidad pocas veces experimentada en una presentación de RHAPSODY, mientras los arreglos orquestales realzaban cada pasaje épico, otorgándole una dimensión aún más cinematográfica a una composición que ya de por sí rebosa fantasía y grandeza.
En la cancha, la energía no daba tregua. Los saltos de los asistentes y el incesante mosh pit continuaban creciendo mientras miles de voces acompañaban a Fabio estrofa tras estrofa. Pero fue durante el estribillo cuando el Teatro Caupolicán pareció transformarse en una sola entidad, con el público cantando a todo pulmón cada palabra y demostrando el enorme cariño que existe por una de las canciones más emblemáticas del catálogo de RHAPSODY.
Sin dar respiro a los asistentes, las melodías de otra joya de Symphony Of Enchanted Lands comenzaron a apoderarse del recinto. Era el turno de Eternal Glory, una de las composiciones más épicas y ambiciosas de la discografía de RHAPSODY. La interpretación estuvo a la altura de su legado, con una banda completamente afiatada, un coro impecable y una orquesta que volvió a aportar una riqueza de matices que elevó aún más la experiencia.
Tras esta seguidilla de himnos, Fabio tomó la palabra para agradecer nuevamente al público y comentar que la siguiente canción estaría dedicada a una verdadera leyenda: el señor Christopher Lee. El actor británico, recordado por interpretar a personajes icónicos como Saruman en la trilogía de El Señor de los Anillos, el Conde Drácula en numerosas producciones de la mítica productora Hammer y el Conde Dooku en Star Wars, construyó una carrera de más de seis décadas y cerca de 300 participaciones audiovisuales, convirtiéndose en una de las figuras más influyentes de la historia del cine fantástico.
Entre risas, Fabio recordó una anécdota que compartió con el actor, quien le comentó en un perfecto italiano que, pese a haber participado en cientos de películas, siempre había querido cantar una canción de metal antes de que llegara el final de su viaje. Fue así como nació su colaboración con RHAPSODY en The Magic Of The Wizard’s Dream, revelación que provocó una inmediata ovación del público, seguida por espontáneos cánticos de “¡Saruman! ¡Saruman!” provenientes de distintos sectores del Teatro Caupolicán.
Lo que siguió fue uno de los momentos más emotivos de la noche. Mientras la orquesta y el coro envolvían el teatro con una atmósfera solemne y mágica, Fabio asumió tanto su papel como el de Christopher Lee, interpretando ambas partes con enorme respeto y sentimiento. El resultado fue una versión conmovedora que mantuvo a los asistentes completamente cautivados, rindiendo homenaje no solo a una canción fundamental dentro del catálogo de la banda, sino también a una figura cuya huella permanece imborrable tanto en el cine como en el mundo del metal.
La emoción apenas había tenido tiempo de asentarse cuando Fabio volvió a dirigirse al público. “¿Quieren más?”, preguntó al recinto, obteniendo una respuesta ensordecedora. “¡No escuché!”, exclamó entre risas, provocando una reacción aún más fuerte de los asistentes. La respuesta estaba clara: nadie quería que aquella travesía por las Tierras Encantadas terminara.
Entonces llegó el turno de Power Of The Dragonflame, uno de los himnos más explosivos del repertorio de la banda y tema que, personalmente, no había tenido la oportunidad de presenciar en vivo hasta esa noche. Y difícilmente podría haber imaginado un mejor escenario para hacerlo que una presentación de esta magnitud, acompañada por coro y orquesta.
Desde sus primeros riffs, potentes y demoledores, el Teatro Caupolicán volvió a entrar en ebullición. Los mosh pits reaparecieron con fuerza, los saltos se multiplicaron en cada sector de la cancha y miles de voces acompañaron a Fabio durante toda la interpretación. La energía que emanaba desde el escenario encontraba una respuesta inmediata en el público, generando uno de los momentos más intensos de la jornada.
Se trata, además, de una verdadera joya extraída de Power Of The Dragonflame, el quinto álbum de estudio de RHAPSODY, el capítulo que pone fin a la legendaria Emerald Sword Saga. Una composición cargada de épica, velocidad y poder que, interpretada bajo el formato de Choir & Orchestra, adquirió una dimensión aún más grandiosa, haciendo honor a su condición de clásico indispensable dentro de la historia de la agrupación.
Con el ambiente completamente encendido tras Power Of The Dragonflame, Fabio volvió a tomar el micrófono para interactuar con el público. Entre risas y demostrando el carisma que lo ha caracterizado durante décadas, comentó que aunque podía hablar en inglés, prefería hacerlo en español, o al menos en una mezcla de español, portugués e italiano. “Lo más importante es que van a entender lo que hablo”, señaló, desatando los aplausos de los asistentes. Acto seguido, lanzó una advertencia que anticipaba lo que estaba por venir: “La gente aquí no solamente va a cantar esta canción, ¡la gente también puede bailar!”.
La respuesta llegó de inmediato cuando comenzaron a sonar las primeras notas de The Village Of Dwarves, uno de los cortes más festivos y memorables de Dawn Of Victory. La composición representa a la perfección una de las facetas más entretenidas de RHAPSODY, fusionando de manera brillante elementos folk con la potencia y velocidad del Power Metal, creando una pieza imposible de escuchar sin dejarse llevar por su energía.
Al finalizar la canción, una estruendosa ovación se apoderó del recinto. Entre aplausos y vítores comenzó a escucharse un cántico cada vez más fuerte desde distintos sectores del teatro: “¡Luca! ¡Luca! ¡Luca!”, un reconocimiento espontáneo al guitarrista y principal arquitecto de gran parte de la magia musical que estaba siendo celebrada esa noche.
La travesía continuó con Triumph Or Agony, tema que da nombre al séptimo álbum de estudio de la agrupación. A diferencia de los momentos más frenéticos de la noche, aquí gran parte del público optó por una actitud más contemplativa, dejando de lado los saltos y la agitación para simplemente disfrutar de una interpretación impecable, donde la banda, el coro y la orquesta volvieron a demostrar el altísimo nivel que mantuvieron durante toda la presentación. Sin pausas llegaron luego Beyond The Gates Of Infinity y Knightrider Of Doom, devolviendo la intensidad al recinto. En esta última, Fabio extendió uno de los estribillos para convertirlo en un gigantesco coro colectivo, logrando que miles de asistentes respondieran al unísono y reforzaran aún más la conexión entre escenario y audiencia.
Con el Teatro Caupolicán completamente rendido a sus pies, Fabio volvió a agradecer el apoyo recibido, recordando que se trataba del segundo concierto con entradas agotadas de la gira en Chile. Acto seguido, anunció una verdadera rareza dentro del repertorio de la banda: Son Of Pain. Entre bromas comentó que la interpretarían en italiano, idioma que —según él— es lo suficientemente parecido al español como para que todos pudieran acompañarlo. Más allá de las risas que provocó su comentario, el momento permitió bajar momentáneamente las revoluciones de la jornada. La emotiva composición se transformó en una oportunidad para apreciar una faceta más íntima de la agrupación y, especialmente, para contemplar la extraordinaria calidad vocal de Fabio Lione, quien ofreció una interpretación cargada de sentimiento y elegancia que mantuvo al público completamente cautivado.
Las primeras notas de Riding The Wings Of Eternity comenzaron a sonar y de inmediato transportaron al público de regreso a Symphony Of Enchanted Lands. La canción fue recibida con entusiasmo por los asistentes, quienes acompañaron cada una de sus melodías mientras la banda seguía demostrando una ejecución impecable. La combinación entre los arreglos orquestales, el coro y la interpretación de los músicos hacía que cada composición adquiriera una dimensión aún más cinematográfica, como si las historias de las Tierras Encantadas estuvieran cobrando vida frente a nuestros ojos.
Al finalizar, Fabio tomó nuevamente el micrófono y, con una sonrisa cómplice, anunció: “Entonces, esta es la última canción…”. La respuesta del público fue inmediata. Sin embargo, antes de que alguien pudiera lamentarse, agregó entre risas: “¡Pero espera! Es una canción de diez minutos, no puede ser la última”. El teatro estalló en aplausos. Entonces llegó el anuncio que muchos estaban esperando: la siguiente canción necesitaría de todos los presentes cantando, gritando y bailando. Era el turno de Symphony Of Enchanted Lands.
Si hubo un momento capaz de competir por el título de punto más alto de la noche —algo difícil considerando el extraordinario nivel del concierto de principio a fin— fue precisamente este. La monumental composición fue interpretada íntegramente, permitiendo a los asistentes disfrutar cada una de sus secciones tal como fue concebida originalmente. Y aunque supera ampliamente los diez minutos de duración, la sensación fue exactamente la contraria: el tiempo pareció pasar volando.
La canción representa uno de los momentos más importantes de la Emerald Sword Saga. En ella se narra el avance del Warrior of Ice a través de las míticas Tierras Encantadas en busca de los secretos necesarios para continuar su cruzada contra las fuerzas de Akron. Es una pieza que encapsula a la perfección el espíritu de RHAPSODY: fantasía heroica, aventura, magia y una narrativa épica desarrollada a través de la música.
Desde el punto de vista compositivo, Symphony Of Enchanted Lands es una auténtica obra maestra del Power Metal Sinfónico. La canción transita constantemente entre pasajes solemnes, secciones narrativas, explosiones de velocidad, coros grandilocuentes y momentos de enorme carga emocional. Las melodías de Luca Turilli se entrelazan con los arreglos orquestales de manera natural, mientras Fabio guía el viaje con una interpretación llena de matices. Cada sección parece contar un capítulo diferente de la historia, manteniendo la atención del oyente en todo momento y construyendo una sensación de aventura permanente.
En el contexto de este espectáculo, acompañado por coro y orquesta, la composición alcanzó una nueva dimensión. Las cuerdas, los bronces y las voces corales potenciaron cada uno de sus momentos más épicos, transformando la interpretación en una experiencia verdaderamente inmersiva. Más que una canción, fue un viaje musical que condensó todo aquello que ha convertido a RHAPSODY en una banda única dentro del Power Metal: grandiosidad, imaginación, emoción y una capacidad incomparable para transportar a sus seguidores a otro mundo.
Tras la monumental interpretación de Symphony Of Enchanted Lands, llegó un breve respiro dentro de esta extraordinaria travesía musical. El protagonismo recayó entonces en Alex Holzwarth, quien ofreció una demostración de su enorme talento detrás de los tambores. Sin embargo, no se trató del típico solo de batería destinado únicamente a exhibir velocidad o técnica. Lo verdaderamente llamativo fue la manera en que la orquesta se integró a la presentación, acompañando gran parte de la ejecución y transformando el momento en una pieza colectiva donde la potencia de la percusión dialogaba constantemente con los arreglos sinfónicos. El resultado fue un espectáculo tan sorprendente como cautivador, que arrancó aplausos y gestos de asombro entre los asistentes.
Con el público aún celebrando la actuación de Holzwarth, Fabio volvió a tomar la palabra para presentar la siguiente canción. Comentó que era momento de viajar hasta los orígenes de la banda y recordó que la próxima composición pertenecía a Legendary Tales, el álbum que dio inicio a toda la historia de RHAPSODY. Fiel a su estilo cercano y bromista, señaló que se trataba de una canción sobre una tierra de inmortales, agregando entre risas que en Chile todos parecían ser inmortales. La respuesta fue inmediata cuando comenzaron a sonar las primeras notas de Land Of Immortals, una pieza absolutamente imprescindible dentro del repertorio de Luca y Fabio.
Más de dos décadas después de su lanzamiento, la canción conserva intacta toda la magia y el espíritu aventurero que definieron los primeros pasos de la agrupación. Su inconfundible introducción fue suficiente para desatar una nueva explosión de entusiasmo en el Teatro Caupolicán, con miles de voces acompañando cada verso mientras la banda daba vida a uno de los himnos fundacionales de la Emerald Sword Saga. Una vez más, la banda logró engrandecer una composición que ya es considerada un clásico indiscutido del Power Metal.
Tras una nueva ovación que recorrió cada rincón del Teatro Caupolicán, Fabio aprovechó una pausa para agradecer a quienes hicieron posible una noche de semejante magnitud. Sus primeras palabras fueron para Nicolás, director de la formación sinfónica, y para todos los músicos que la integraban, destacando el enorme trabajo realizado durante la presentación. También dedicó un afectuoso reconocimiento al promotor Marcelo, arrancando risas y aplausos con algunas bromas y comentarios espontáneos que reflejaban el ambiente cercano y relajado que se había generado durante la velada. Entre agradecimientos y anécdotas, Fabio incluso bromeó sobre la participación de la pareja de Marcelo en Symphony Of Enchanted Lands, destacando tanto su belleza como su talento vocal, provocando nuevas carcajadas entre los presentes.
Pero la celebración estaba lejos de terminar. Fueron los músicos de la formación sinfónica quienes comenzaron a interpretar las inconfundibles melodías de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Antonín Dvořák, una introducción que cualquier seguidor de RHAPSODY reconoce de inmediato. La reacción fue instantánea: era el anuncio de The Wizard’s Last Rhymes, una de las composiciones más inspiradas de Rain Of A Thousand Flames y, sin duda, una de las piezas que mejor justificaban la existencia de un espectáculo como este.
Si alguna canción parecía haber sido concebida para interpretarse bajo este formato, era precisamente esta. La manera en que RHAPSODY tomó una de las melodías más célebres de la música clásica para transformarla en una epopeya de Power Metal Sinfónico encontró aquí su expresión definitiva. Los arreglos de cuerdas, las voces líricas y la potencia de la agrupación se fusionaron de forma espectacular, potenciando cada pasaje de la composición y otorgándole una majestuosidad difícil de describir con palabras.
El resultado fue sencillamente impresionante. Una interpretación cargada de fuerza, elegancia y emoción que se convirtió en otro de los grandes momentos de la velada, confirmando una vez más que esta no era una presentación cualquiera, sino la materialización de todo aquello que los seguidores de RHAPSODY habían imaginado durante años al escuchar estas canciones en sus discos.
La noche todavía guardaba más sorpresas. Antes de continuar con el repertorio, Patrice Guers tuvo su momento de protagonismo con un notable solo de bajo que volvió a demostrar la enorme calidad de los músicos reunidos sobre el escenario. Al igual que había ocurrido durante el solo de batería de Alex Holzwarth, no se trató de una exhibición aislada, sino de una interpretación enriquecida por el acompañamiento de la formación sinfónica, aportando nuevos matices y convirtiendo el momento en algo mucho más interesante que el típico espacio instrumental presente en muchos conciertos.
Una vez finalizado, Fabio tomó nuevamente la palabra para explicar que la siguiente interpretación no sería precisamente una canción de metal. Entre bromas comentó que pertenecía a un hombre que vivía relativamente cerca de donde él residía y recordó una ocasión en Brasil cuando, durante su etapa en ANGRA, tuvo la oportunidad de compartir escenario con él. Se trataba nada menos que de Andrea Bocelli y la canción elegida fue Por Ti Volaré.
Aunque se alejaba completamente del repertorio habitual de RHAPSODY, la interpretación fue recibida con respeto y atención. Más que una sorpresa dentro del setlist, sirvió como una oportunidad para apreciar otra faceta de Fabio Lione, quien desplegó toda su capacidad interpretativa en una ejecución elegante y emotiva. Además, la breve duración de la pieza ayudó a que el momento funcionara como un agradable interludio dentro de una velada cargada de épica y energía.
Al concluir, Fabio agradeció la recepción, señalando que probablemente nadie estaba preparado para escuchar algo así en medio de un concierto de RHAPSODY. Pero el descanso duraría poco. Acto seguido anunció que llegaba su canción favorita de Dawn Of Victory: Holy Thunderforce.
La reacción fue inmediata. Bastaron los primeros acordes para que una nueva explosión de entusiasmo recorriera el Teatro Caupolicán. Los cánticos regresaron con fuerza, los puños se alzaron al aire y la energía volvió a alcanzar niveles desbordantes. Se trató de otra interpretación magnífica de uno de los himnos más queridos de la banda, ejecutada con la misma potencia y precisión que caracterizó toda la presentación.
Y así nos adentrábamos en el tramo final de esta extraordinaria experiencia musical, aunque a esas alturas nadie parecía dispuesto a aceptar que el viaje por las Tierras Encantadas estuviera llegando a su fin.
Las majestuosas melodías de Epicus Furor comenzaron a resonar por el Teatro Caupolicán mientras los fanáticos más entusiastas se reagrupaban y tomaban posiciones para lo que estaba por venir. La tensión crecía segundo a segundo hasta que finalmente estalló Emerald Sword, desatando una verdadera tormenta de velocidad, melodías heroicas y energía desbordante. Como era de esperar, la reacción fue inmediata. Puños en alto, saltos por toda la cancha y miles de voces coreando uno de los estribillos más emblemáticos en la historia del Power Metal transformaron el recinto en una auténtica celebración. Pocas canciones representan tan bien el legado de RHAPSODY y, una vez más, quedó demostrado por qué continúa siendo uno de los momentos más esperados de cada una de sus presentaciones.
Tras la euforia de Emerald Sword, Fabio anunció que la siguiente sería la última canción de la noche y aprovechó de dejar una noticia que provocó una nueva explosión de entusiasmo: “¡Nos vemos el próximo año!”. El comentario fue recibido con una mezcla de alegría y expectación por parte de los presentes, aunque todavía quedaban algunas páginas por escribir antes de cerrar definitivamente esta aventura.
La elegida para el supuesto adiós fue Lamento Eroico, una composición que permitió bajar momentáneamente las revoluciones para dar paso a uno de los momentos más emotivos del concierto. La canción sirvió además para apreciar en toda su dimensión las extraordinarias cualidades vocales de Fabio Lione. Resulta difícil no maravillarse con el nivel que sigue exhibiendo después de tantos años de carrera. A sus 52 años mantiene una potencia, afinación y control admirables, algo que personalmente continúa sorprendiéndome cada vez que tengo la oportunidad de verlo sobre un escenario. La interpretación fue recibida con absoluto respeto, mientras buena parte del teatro acompañaba varias de sus líneas melódicas, creando una atmósfera cargada de emoción antes del desenlace definitivo de la velada.
Antes del último asalto de la noche, Fabio tomó unos instantes para dedicar la siguiente canción a todos los presentes, así como también a cada una de las personas que hicieron posible esta gira. Señaló que no podía imaginar una mejor forma de cerrar una velada tan especial y, acto seguido, las primeras notas de Unholy Warcry desataron una última explosión de energía en el Teatro Caupolicán.
Y qué mejor elección para poner punto final a esta aventura. Con su inconfundible combinación de velocidad, melodías épicas y uno de los estribillos más poderosos de toda la discografía de RHAPSODY, la canción se convirtió en el cierre perfecto para una jornada que parecía sacada directamente de las páginas de la Emerald Sword Saga. Las últimas fuerzas de la audiencia fueron volcadas en cada coro, cada salto y cada puño levantado al aire, mientras los músicos entregaban una interpretación demoledora que puso el broche de oro a casi tres horas de fantasía, metal y emoción.
“¡Muchas gracias, Santiago!”, fueron algunas de las últimas palabras antes de la despedida definitiva. Uno a uno, los integrantes de RHAPSODY abandonaron el escenario, seguidos por los músicos de la formación sinfónica y las voces que durante toda la noche contribuyeron a convertir este espectáculo en algo verdaderamente extraordinario. El trabajo realizado por todos ellos fue sencillamente impecable, logrando trasladar a los asistentes al universo imaginado por Luca Turilli hace más de tres décadas.
Afortunadamente, el adiós no fue del todo amargo. Durante la presentación, Fabio había adelantado que la banda espera regresar el próximo año con este mismo formato, una noticia que fue recibida con entusiasmo por la fanaticada. Y razones para volver sobran. El catálogo de RHAPSODY aún guarda numerosas joyas que podrían encajar perfectamente en una producción de estas características, canciones como The Mighty Ride Of The Firelord, Gargoyles, Angels Of Darkness, Legendary Tales o Erian’s Mystical Rhymes, por nombrar solo algunas.
Más allá del setlist, lo ocurrido esa noche fue la demostración de que incluso los sueños más ambiciosos pueden hacerse realidad. Durante años, muchos imaginamos cómo sonarían estas composiciones interpretadas por sus creadores junto a una gran formación clásica. El resultado superó ampliamente cualquier expectativa. La ejecución fue sobresaliente, el sonido estuvo a la altura del desafío y cada canción encontró una nueva dimensión gracias a esta propuesta que combinó de manera magistral la fuerza del metal, la riqueza de los arreglos sinfónicos y el carácter épico que siempre ha definido a RHAPSODY.
No tengo demasiadas dudas al respecto: para muchos de los que estuvieron presentes, este concierto ocupará un lugar privilegiado entre los mejores espectáculos que hayan presenciado en sus vidas. Y después de lo vivido en el Teatro Caupolicán, resulta difícil pensar lo contrario.
Gracias por tanto, RHAPSODY. Nos veremos nuevamente en las Tierras Encantadas, Mighty Warriors.
Por cierto, esta reseña nace del amor y la devoción que le tenemos al metal, a la escena y a los gigantes RHAPSODY, ya que como medio no fuimos acreditados. Y sí, ¡yo tampoco me la pude creer!
Porque más allá de las acreditaciones, las fotografías o los espacios reservados para prensa, lo que nos mueve sigue siendo lo mismo que hace años: la pasión por esta música. Y una noche tan épica como esta merecía ser contada.
Al final, quizás esta no sea una reseña escrita desde la zona de prensa, pero sí desde algo mucho más importante: el corazón de un fanático del Power Metal.
¡SOMOS METAL! PowerOfMetal.cl 🤘

