Live Reviews
KAMPFAR en Chile: Un Grito de Guerra
Tras más de treinta años de carrera vagando entre bosques, montañas y sombras del Black Metal noruego, KAMPFAR finalmente descendió sobre Santiago ante un círculo reducido de devotos. Y quizás aquello terminó siendo precisamente lo correcto. Porque lo ocurrido la recién pasada noche del 29 de mayo jamás habría encajado del todo bajo la lógica de un concierto multitudinario. La propuesta de KAMPFAR pertenece a otro lugar: uno cubierto por niebla, hielo y folclore ceremonial, donde el Black Metal deja de sentirse como música extrema y se convierte en tradición, identidad y memoria ancestral.
Desde la espera previa al comienzo del concierto, el ambiente ya se sentía distinto. La Sala RBX parecía haberse transformado lentamente en una especie de refugio pagano donde los asistentes aguardaban la llegada de entidades provenientes de algún lugar perdido en la vasta tundra noruega. No había ansiedad ni inquietud. Existía más bien una sensación de expectativa ritual, como si todos supieran que estaban a punto de presenciar aquello que ocurre cuando antiguos ritos paganos son finalmente invocados.
A las 20:30 horas, la banda apareció sobre el escenario y la espera terminó de golpe. Luego de una introducción folk tradicional nórdica, KAMPFAR construyó durante una hora y quince minutos una experiencia completamente absorbente, donde la música avanzó de manera prácticamente ininterrumpida y mantuvo a la audiencia bajo su hechizo de principio a fin.
Lo primero que llamó la atención fue cómo la propuesta musical de la agrupación se alejaba de varios de los lugares comunes asociados al Black Metal noruego tradicional. Allí donde muchas bandas construyen su identidad sobre la oscuridad, el satanismo o el antagonismo hacia el mundo moderno, KAMPFAR parece mirar hacia otro lugar: la naturaleza y las tradiciones paganas.
Musicalmente, la banda se comportó como una tormenta. Los blast beats avanzaban con una dinámica que por momentos parecía acercarse más al impulso salvaje del crust punk que a la clásica metralla del Black Metal. Sobre ellos se elevaban los característicos trémolos de guitarra, creando una sensación constante de movimiento, como si cada canción representara una travesía a través de una ventisca interminable. Cada golpe de platillo irrumpía como un relámpago atravesando un cielo tormentoso, mientras las guitarras construían auténticos blizzards sonoros capaces de envolver por completo al público.
Aquella energía se trasladó inmediatamente a los asistentes. Durante todo el concierto, el headbanging fue constante. Lejos de estar inmóviles observando desde la distancia, el cabeceo fue permanente en cada canción, generando una conexión que transformó el concierto en una experiencia colectiva. La sala se encontraba llena y la sensación predominante era la de una deuda histórica finalmente saldada entre la banda y sus seguidores chilenos.
Y aunque la música evocaba paisajes cubiertos por hielo, bosques ancestrales y montañas escandinavas, la actitud de la banda proyectó algo muy distinto a la frialdad que suele asociarse al Black Metal. Desde las primeras filas resultaba evidente que Dolk (Per-Joar Spydevold) se encontraba genuinamente emocionado por estar finalmente en Chile. En más de una oportunidad agradeció la recepción del público y la posibilidad de presentarse en Santiago, dejando ver una faceta cercana y profundamente humana que contrastaba con la imagen distante que muchos suelen asociar a los músicos del género.
De hecho, si algo quedó claro durante la presentación fue que KAMPFAR no cae en el molde tradicional del Black Metal noruego. Lejos de la inmovilidad ceremonial cultivada históricamente por muchas agrupaciones extremas, los noruegos proyectaron una dinámica mucho más cercana a la de una comunidad reunida alrededor de una festividad pagana. La figura de Dolk operó constantemente como la de un chamán guiando a su tribu, mientras Ole Hartvigsen y Ese (Stig Ese Eliassen) construían una atmósfera donde la celebración de la identidad pagana parecía tan importante como la propia ejecución musical, tocando incluso sobre a los afortunados de las primeras filas.
Y quizás allí reside uno de los aspectos más fascinantes de KAMPFAR. Su aproximación al paganismo escandinavo jamás se siente superficial ni reducida a una simple estética. Existe un interés genuino por preservar elementos fundamentales de su herencia cultural, desde sus antiguas tradiciones hasta el uso del idioma noruego en gran parte de sus composiciones que, lejos de transformarse en una barrera para el público, aquello parece generar exactamente el efecto contrario. Resultó sorprendente observar cómo gran parte de los asistentes acompañaba las letras de canciones interpretadas mayoritariamente en noruego. Un fenómeno que solo puede explicarse a través de la fascinación que despierta una propuesta artística capaz de ofrecer mucho más que música extrema: una puerta de entrada hacia una cultura, una cosmovisión y una forma distinta de entender la relación entre el ser humano y sus raíces.
Algo particularmente especial fue que, por momentos, el concierto pareció funcionar como una cápsula del tiempo hacia los años noventa, cuando la segunda ola del Black Metal noruego comenzaba a tomar forma en pequeños clubes de Oslo y Bergen. No por una cuestión de nostalgia, sino por una sensación de autenticidad difícil de encontrar en tiempos donde los más grandes suelen presentarse en estadios o arenas. En la Sala RBX se encontraban quienes realmente querían estar allí.
Treinta años después de su fundación, KAMPFAR sigue proyectando la misma convicción que impulsó sus primeros pasos en 1994, demostrando que el paso del tiempo ha fortalecido su legado sin erosionar su espíritu primordial.
KAMPFAR, aquel antiguo grito de guerra utilizado para invocar a Odín e infundir coraje a los guerreros nórdicos antes de la batalla, encontró finalmente eco en Santiago tras más de tres décadas de historia. Y tal como aquellos llamados resonaban antiguamente entre montañas, bosques y tormentas del norte, la noche del 29 de mayo su espíritu volvió a manifestarse en la Sala RBX ante un círculo de fieles que aguardó pacientemente durante años su llegada. Porque algunas tradiciones no envejecen. Simplemente esperan el momento adecuado para volver a ser invocadas.
Setlist
- Feigdarvarsel / Ravenheart
- Skogens Dyp
- Ophidian
- Trolldomspakt
- Dødens Aperitiff
- Mylder
- Urkraft
- I Ondskapens Kunst / Norse
- Tornekratt
- Hymne
- Det Sorte
Review por Nicholas Wuthrich
Fotografías por Rubén Garate
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