Live Reviews
ALESTORM en Chile: La Verdadera Fiesta Pirata
Las puertas de la Sala Metrónomo se abrieron a las 19:00 hrs., listas para recibir un nuevo desembarco de los escoceses ALESTORM; sin embargo, hubo que esperar dos horas para que el show comenzara. La falta de un telonero se hizo notoria entre aquellos que estaban desde temprano a la espera del concierto, aunque quizá también contribuyó a que todas las energías fueran directo a la banda de la noche y que fuera un concierto intenso, como una batalla en alta mar, en medio de la tormenta y los cañones. El escenario esperaba con el clásico pato inflable en medio, símbolo de lo que estaba por venírsenos encima y, de fondo, una imagen de piratas esqueléticos, muy propio del imaginario pirata.
A las 21:00 hrs., y de forma puntual, como ya se está haciendo costumbre en la escena (lo cual se agradece mucho para disminuir la ansiedad del público), se acabó la música de fondo (excelente selección durante la primera hora, por lo demás) y se apagaron las luces, dando paso a la entrada rimbombante y llena de luces de ALESTORM.
La noche comenzó sin dar más rodeos: Keelhauled llegó como un golpe directo, haciéndonos caminar por la plancha sin más dilación, a cumplir nuestra condena con una botella de ron en la mano. Fue seguida por Killed to Death by Piracy, una oda a morir de formas ridículas, en especial, por la piratería. ALESTORM estaba claramente descargando lo mejor de su artillería en nosotros.
Pero… ¿qué sería de estos piratas sin una buena dosis de alcohol en sus venas? Tras elevar las cervezas una vez más, llegó The Sunk’n Norwegian, un descanso de la piratería para, simplemente, celebrar y beber antes de morir.
Después de la celebración en aquella vieja taberna, partimos hacia tierras lejanas con Uzbekistan, navegando mares de arena movediza en la cruzada por tesoros y ron, para luego continuar rumbo a Mexico, una tierra soñada donde el alcohol es gratis (o al menos eso dice la canción, habrá que comprobarlo).
La travesía pirata continuó con el himno Under Blackened Banners, que con una intro absolutamente bailable devolvió el tono épico, hablando de navegar bajo banderas oscuras, saqueos y orgullo pirata. Estoy absolutamente segura de que todos elevamos nuestros garfios con orgullo en este momento.
Continuando con el concierto, Christopher Bowes nos introdujo a una canción que podría ser motivacional, pero… existe… simplemente porque puede existir. Hablo de la grandiosa y muy esperada Banana, que básicamente va de vivir nuestra mejor vida como piratas y beber ron.
Como no es de extrañarse, las canciones con ALESTORM se vuelven cada vez mejores, por eso vino con todo Zombies Ate My Pirate Ship, con el juramento de encontrar a los zombies que se comieron el barco. Definitivamente esta banda podría hacer una canción sobre cualquier cosa y convertirla en un himno épico.
Volvemos de golpe con el tremendo cover de Taio Cruz que tiene esta banda, Hangover, cantada de inicio a fin y a todo pulmón por el público presente. Definitivamente el rapeo hecho por el tiburón es una de las mejores partes del concierto, porque, admitámoslo, ALESTORM saca ese lado de nosotros que nunca, nunca quiere crecer. Temazo.
Christopher Bowes introdujo la siguiente canción preguntando, de forma simple, como si fuera lo más cotidiano del mundo, quién de nosotros nunca había bebido de su pis. Sí, la introducción más normal para llevarnos a tierras congeladas con Frozen Piss 2.
Seguimos la travesía hacia tierras heladas con Magnetic North, cuya intro totalmente inspirada en “Telephone” de Lady Gaga nos introdujo en un ambiente un poco más épico, aunque no por eso menos divertido.
Con la siguiente canción bajamos un poco las revoluciones, con Bowes instándonos a que, si no sabíamos la letra, por lo menos nos dignáramos a remar nuestro propio bote. Nancy the Tavern Wench, un momento de respiro, si podemos llamarlo así, una canción sobre una taberna donde puedes encontrar la mejor cerveza y lo peor del libertinaje al mismo tiempo. Una maravillosa balada.
Después de ese momento de tranquilidad, venía la canción que define todo lo que es esta banda, la homónima Alestorm, porque, claro, nos tiene que quedar más que claro que “rum, beer, quest and mead” son las cuatro cosas que necesita un pirata, y que la aventura es el sentido de la vida.
Pero no todo es simplemente locura y alcohol. Con 1741 (The Battle of Cartagena) nos adentramos en el lado más épico de la banda, con una canción basada en un hecho histórico absolutamente real, que habla sobre el asedio de Cartagena de Indias por parte de la flota británica a cargo del almirante Vernon contra las defensas españolas. En medio del caos, podemos tener nuestra lección de historia y se agradece.
Siguiendo con el ambiente épico, continuamos con The Storm, que se siente como estar dentro del caos, resistiendo con la tripulación mientras todo alrededor amenaza con hundirse.
Pero no nos hundimos, y salimos a flote con P.A.R.T.Y., porque no todo puede ser seriedad, menos con ALESTORM a la cabeza, y si necesitamos fiesta, ahí están para dárnosla. Para seguir con el ánimo en alto, de inmediato nos dieron Shit Boat (No Fans), dejando al público más que encendido antes de tomarse unos minutos para dar el puntapié final a una jornada de aquellas.
El encore comenzó con Christopher Bowes dejándonos en claro a qué había venido a nuestras tierras: a robarse nuestro alcohol… y así comenzó la clásica Drink, seguida de la que, en palabras de su vocalista, es la peor canción de ALESTORM, Wooden Leg, pero el público al parecer dista bastante de esa opinión, ya que fue una de las canciones más coreadas y disfrutadas del concierto.
Ya llegando al cierre, por supuesto debía ser con la única e incomparable Fucked with an Anchor, donde todos alzamos nuestro dedo medio y, antes de comenzar, la gran mayoría, si no todos los asistentes, dedicamos la canción a una persona en particular. Como buena despedida, fue cantada por completo por todos los asistentes, marcando el (casi) fin de la jornada.
Pero el final llegaría con la canción más escueta de la banda, Rumpelkombo, una pequeña, pequeñísima muestra más de lo ingeniosos, ridículos e increíblemente creativos que pueden ser.
Definitivamente fue una noche para sobrevivir al asalto de los piratas de ALESTORM. Una jornada épica muy a su manera, divertida a más no poder, donde por un minuto podemos olvidarnos de la seriedad y el virtuosismo y entregarnos simplemente a disfrutar un buen rato con buena compañía.
Les deseamos suerte en su travesía, que los buenos vientos los acompañen y que pronto desembarquen otra vez en nuestras costas.
Review por Sara Caballero
Fotografías por Francisco Perez
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