Iron Maiden
IRON MAIDEN en Chile: Celebrando Un Legado En Vida
Lejano parece aquel año 2004, cuando IRON MAIDEN aterrizaba en Chile en el marco de su gira Dance of Death World Tour. Fue entonces cuando me acerqué por primera vez a la Pista Atlética para presenciar un concierto de la Doncella. Damos un salto hasta 2026 y ya han transcurrido más de dos décadas desde aquella experiencia. La emoción sigue siendo la misma, aunque el paso del tiempo ha dejado sus marcas.
Simon Dawson ocupa ahora el puesto detrás de la batería y la banda carga con años, arrugas y cicatrices. Sin embargo, nada de esto parece limitar su capacidad para seguir entregándolo todo sobre el escenario. Su despliegue continúa siendo único, con una pasión que desborda en cada salto de Bruce Dickinson, en cada balanceo del bajo de Steve Harris y en cada acorde que construye su inconfundible sonido.
Esto es IRON MAIDEN: 50 años de historia, un legado bien vivido y una pasión compartida por millones de seguidores alrededor del mundo.
NUCLEAR
Matías Leonicio y compañía llegaban cargados de una energía tremenda. El primer día ya lo habían dejado todo sobre el escenario y, en esta segunda jornada, volvían a encontrarse con un público sediento de Heavy Metal.
El set comenzó con Abusados, de su disco Murder Of Crows, desatando inmediatamente los mosh pits y saltos en la explanada del Estadio Nacional. Posteriormente llegó uno de sus trabajos más recientes, Violent DNA, un track demoledor, cargado de ese Thrash Metal crudo y violento que caracteriza a la agrupación.
El conjunto agradeció nuevamente el respeto y cariño de los asistentes, destacando el enorme hito que significaba abrir por segunda vez un espectáculo de IRON MAIDEN. E-Faith y Heaven Denied hicieron retumbar el estadio, consolidando una presentación poderosa.
NUCLEAR no solo demostró estar a la altura de semejante escenario gracias a su extensa trayectoria, sus impecables trabajos de estudio y sus giras fuera del país, sino también porque es una banda concebida para conquistar grandes escenarios.
Belligerance y Apatrida pusieron el broche de oro a una actuación sólida y bien ejecutada, de esas que seguramente permanecerán en la memoria de la agrupación y sus seguidores durante mucho tiempo.
MAMMOTH
¿Era realmente la mejor decisión invitar a una banda como MAMMOTH a una gira de IRON MAIDEN?
Estamos hablando de palabras mayores y, aunque toda propuesta merece su espacio, la presentación de los angelinos se sintió más bien como un paseo por el centro comercial, con los parlantes haciendo resonar una de las propuestas más comerciales de la jornada.
El proyecto fundado por Wolfgang Van Halen, hijo del fallecido Eddie Van Halen, nació como una iniciativa solista que posteriormente evolucionó hasta convertirse en esta agrupación.
Su música se mueve por los terrenos de un Hard Rock bastante accesible y reconocible, con mucho virtuosismo y una puesta en escena que refleja la energía de una banda joven. Sin embargo, en esta ocasión, su actuación terminó sintiéndose como un entremés demasiado liviano para una jornada que tenía al Heavy Metal como principal protagonista.
El público recibió a MAMMOTH de manera más bien tibia. Durante su presentación repasaron algunos de sus temas más conocidos, como The Spell y Don’t Back Down, cerrando así un teloneo que, para muchos de los asistentes, dejó ganas de escuchar algo bastante más contundente.
IRON MAIDEN
Cualquier concierto que comience con The Ides Of March, seguido de Murders In The Rue Morgue, tiene asegurado un lugar entre las grandes presentaciones de IRON MAIDEN. Un arranque que dejó a más de alguno boquiabierto por la energía con la que comenzó esta segunda velada en el Estadio Nacional.
El conjunto londinense, liderado por Bruce Dickinson, llegó con lo mejor de su repertorio en el marco de la celebración de sus 50 años de historia. Esta presentación también tenía un componente especial: era la primera gira internacional sin Nicko McBrain detrás de la batería, quien decidió retirarse de las actuaciones en vivo tras haber sufrido un accidente cerebrovascular en enero de 2023.
Su lugar fue ocupado por Simon Dawson, baterista de BRITISH LION, agrupación en la que comparte formación con Steve Harris.
La banda venía de presentarse el día anterior en el mismo recinto, jornada en la que había experimentado algunos problemas de sonido. Sin embargo, en esta segunda oportunidad consiguió entregar un espectáculo sólido y sin mayores inconvenientes técnicos.
No obstante, hubo un punto bajo que no pasó inadvertido: Simon Dawson.
En más de una ocasión, el baterista cometió errores que resultaron evidentes para buena parte del público. Uno de los momentos más notorios ocurrió durante Killers, cuando terminó el tema antes que el resto de los músicos.
Un detalle que, si bien no logró empañar por completo la presentación, dejó en evidencia que todavía existen aspectos del repertorio que necesitan mayor rodaje y coordinación junto a la banda.
Si bien el setlist de esta gira venía cargado de clásicos habituales en presentaciones anteriores, como The Trooper, Run To The Hills, The Number Of The Beast y Aces High, también hubo espacio para verdaderas joyas del catálogo de la Doncella.
Infinite Dreams y Phantom Of The Opera fueron algunos de esos momentos especiales que llenaron de emoción, e incluso lágrimas, a más de algún asistente en la explanada del estadio. Canciones que no siempre tienen un lugar dentro de sus giras y cuya recuperación adquiere un valor enorme para quienes hemos seguido a la banda durante décadas.
Por otra parte, volvieron a repetirse los incidentes con bengalas entre el público, una situación que el día anterior había provocado el evidente malestar de Bruce Dickinson.
En esta oportunidad, sin embargo, se notó que la producción había tomado medidas al respecto. El equipo de seguridad actuó rápidamente y logró apagarlas con agua, evitando que el episodio escalara y volviera a generar molestias entre Bruce y el resto de la agrupación.
Seventh Son Of A Seventh Son fue, personalmente, el momento que marcó mi jornada.
Una interpretación que volvió a demostrar que Bruce Dickinson es como un buen vino añejado: mientras más años pasan, mejor parece estar su voz y más imponente resulta su presencia sobre el escenario.
La combinación entre la ambición musical de esta composición, su desarrollo instrumental y la interpretación de Dickinson consiguió uno de esos instantes en los que pareciera que el tiempo se detiene. Una canción que representa una de las cumbres creativas de IRON MAIDEN y que, escuchada en vivo, adquiere una dimensión todavía mayor.
Sin duda, uno de los puntos más altos de la noche en el Estadio Nacional.
Fear Of The Dark y Wasted Years sellaron una presentación preciosa, cargada de emoción y complicidad entre la banda y sus seguidores.
Hubo promesas de regresar nuevamente a estos paisajes del fin del mundo, donde el público metalero chileno siempre consigue sorprender y conmover a estos verdaderos titanes del Heavy Metal.
IRON MAIDEN se despidió una vez más con la satisfacción de encontrarse con una audiencia apasionada, de esas que cantan cada canción a todo pulmón y convierten un espectáculo en una experiencia inolvidable.
Han pasado más de veinte años desde aquella primera vez que vi a la Doncella en Chile. Los músicos han envejecido, las formaciones han cambiado y nosotros también hemos acumulado nuestras propias historias. Pero hay algo que permanece intacto: esa sensación de emoción que aparece cuando comienzan a sonar los primeros acordes y comprendemos que seguimos frente a una de las bandas más importantes de nuestras vidas.
Solo queda esperar que, para una próxima visita, podamos dejar de lado esa peligrosa costumbre de expresar nuestra pasión haciendo arder bengalas, algo que, definitivamente, al tío Bruce no le hace ninguna gracia.
Porque medio siglo después, con sus virtudes, sus imperfecciones y una historia imposible de repetir, IRON MAIDEN sigue demostrando que su música trasciende generaciones.
EL LEGADO SIGUE VIVO Y ES INMORTAL.
Review por Mario Salvo
Fotografías cortesía de Francisco Perez / DG Medios
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