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RIVERS OF NIHIL en Chile: Brutalidad Progresiva en un Debut Inolvidable

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Este jueves 5 de febrero fuimos testigos del esperado debut en Chile de los norteamericanos RIVERS OF NIHIL, banda formada en 2009 y que, con cinco álbumes de estudio a cuestas, llegó para presentar su más reciente trabajo: el homónimo Rivers of Nihil. Una deuda pendiente con el público nacional que, por fin, comenzaba a saldarse en una noche cargada de expectativa.

El escenario elegido fue Epicentro, un recinto nuevo para mí. Su formato reducido y atmósfera íntima generaban desde el primer momento una cercanía especial entre banda y audiencia, convirtiéndose en el marco perfecto para lo que estaba por venir: una descarga de metal técnico, emocional y profundamente envolvente.

A eso de las 20:30 horas, con la sala prácticamente repleta y un ambiente cargado de energía, los integrantes de RIVERS OF NIHIL tomaron posiciones sobre el escenario. Encabezados por su frontman Adam Biggs, bajista y voz principal, flanqueado a su derecha por Andy Thomas (guitarra rítmica y voz secundaria) y a su izquierda por Brody Uttley en la guitarra principal, mientras Jared Klein se acomodaba tras la batería, la banda se mostró desde el primer minuto cercana y entusiasta.

Con los puños en alto y gestos de motivación, la banda buscó encender al público antes de dar el puntapié inicial con “Rivers of Nihil”, tema homónimo de su más reciente lanzamiento. La respuesta fue inmediata: vítores, gritos y una ovación que dejó claro que la conexión con la audiencia estaba sellada desde el primer acorde.

Sin dar respiro, la banda continuó con “The Silent Life”, perteneciente a uno de sus trabajos más aclamados, Where Owls Know My Name. Bastaron los primeros acordes para que el público comenzara a saltar y se diera inicio al primer mosh pit de la velada, marcando el punto exacto en que la energía del show terminó por desbordarse.

Se trata de un tema cargado de matices, contrastes y constantes cambios de ritmo, que demuestra la versatilidad compositiva de la banda. A mitad de la canción hizo su primera aparición el saxofonista Patrick Corona, músico invitado para las presentaciones en vivo, quien deslumbró a los presentes con una ejecución impecable, aportando ese sello distintivo que caracteriza a RIVERS OF NIHIL.

Eso sí, en este tramo del concierto el sonido no fue el más óptimo. Una leve saturación impedía en ocasiones apreciar todos los elementos con claridad, especialmente en las secciones más brutales del tema. Un detalle técnico que, afortunadamente, no logró opacar el disfrute de una banda que seguía entregando una actuación de alto nivel.

Tras ese potente arranque, Adam Biggs se dirigió por primera vez al público, agradeciendo la posibilidad de estar tocando en este maravilloso rincón del mundo y destacando la calidez de los asistentes. Sus palabras sirvieron como antesala perfecta para dar paso a “A Home”, tema que encontró a un público completamente entregado, acompañando con palmas al ritmo del riff principal y coreando cada pasaje con evidente emoción, reforzando ese lazo especial que comenzaba a consolidarse.

El siguiente en la lista fue “The Void From Which No Sound Escapes”, perteneciente a su penúltimo trabajo The Work. Uno de los momentos más progresivos y ambiciosos de la noche, ejecutado con una precisión admirable.

La canción se transformó en un verdadero viaje sonoro, transitando por múltiples estados emocionales: desde pasajes atmosféricos, introspectivos y envolventes, hasta explosiones de agresividad donde la voz de Adam desgarraba el aire con intensidad. Un constante vaivén entre secciones más etéreas y momentos de absoluta contundencia, que mantenía al público completamente absorto.

Cuando estalló el primer coro, la respuesta fue inmediata. La ovación fue ensordecedora, mientras Adam incitaba a levantar los puños y cantar al unísono, generando uno de los momentos más emotivos de la jornada. También hubo espacio para una nueva intervención de Patrick Corona, cuyo saxofón volvió a aportar ese matiz único que distingue a RIVERS OF NIHIL dentro del metal extremo.

La perfecta fusión entre baterías vertiginosas, guitarras pesadas, estructuras progresivas y la presencia del saxofón construyó un cierre magnífico para esta interpretación, reafirmando por qué la banda se ha consolidado como una de las propuestas más interesantes y originales del metal contemporáneo.

Antes de continuar, la banda incitó al público a formar un circle pit, preparando el terreno para “American Death”, uno de los cortes más recientes de su discografía. En este punto, el sonido mejoró notablemente, permitiendo apreciar con mayor claridad cada capa de la composición. En general, los temas del último disco sonaron sólidos y bien definidos, destacando especialmente las partes de voces limpias a cargo de Andy Thomas, que aportaron un contraste melódico muy bien logrado.

La intensidad continuó en alza con “Sand Baptism”, perteneciente a su segundo álbum, un viaje directo a su primera etapa, donde la agresividad y la crudeza dominaban su propuesta. Un corte brutal, sin concesiones, que recordó los orígenes más extremos de la banda y desató nuevamente la locura en el público.

Ya acercándonos a la mitad del show, la cátedra de técnica death metalera no daba tregua. Volvimos a The Work con “Clean”, cuya introducción fue coreada por todo el respetable y estremeció el recinto, confirmando el fuerte vínculo entre RIVERS OF NIHIL y sus seguidores. Un momento que reflejó tanto el talento compositivo como la capacidad del grupo para generar instantes memorables en vivo.

El viaje continuó con “Soil & Seed”, del primer álbum de la banda, ofreciendo una demostración sólida y contundente de death metal en su estado más puro. Para entonces, el público ya lo estaba dando todo: mosh pits, saltos y empujones se apoderaban del sector frontal del recinto, transformando el lugar en una verdadera caldera.

“Death Is Real” mantuvo la intensidad en lo más alto, encendiendo aún más a los asistentes. A mitad del tema, Adam tomó el control de la situación y organizó un nuevo circle pit. El público abrió espacio, esperó la señal… y, al primer llamado, se lanzó con todo, rindiendo tributo a la banda a través del caos descontrolado y la energía colectiva que caracteriza a este tipo de experiencias.

Ya en la recta final del show, el público comenzó a entonar el ya clásico “Olé, olé, olé, olé… River, River…”, dejando en evidencia la profunda conexión que se había generado con la banda a lo largo de la noche. Fue entonces cuando llegó el turno de “Water & Time”, otro corte de su más reciente disco, donde predominan las voces limpias y las atmósferas melódicas.

Tras la intensa seguidilla anterior, este tema funcionó como un necesario respiro, permitiendo al público recuperar el aliento, contemplar el momento con mayor calma y corear cada pasaje de manera más íntima y emotiva.

Finalizada la canción, el frontman volvió a dirigirse a los asistentes, agradeciendo la entrega, el cariño y destacando lo increíble que había sido tocar para el público chileno. Con esas palabras, anunció que aún quedaba un último tema para la noche.

El encargado de cerrar el set principal fue “House of Light”, uno de los puntos más altos de su último álbum. Una composición donde la violencia sonora, las voces guturales y un estribillo melódico liderado por Andy Thomas conviven en perfecta armonía, haciendo vibrar al recinto completo en uno de los momentos más intensos del concierto. Al finalizar, la banda se retiró entre una ovación ensordecedora.

Sin embargo, la historia aún no terminaba.

Minutos más tarde, los músicos regresaron al escenario entre nuevos cánticos de “olé, olé”, esta vez acompañados por Jared Klein, quien marcó el ritmo desde la batería con su sello característico, generando una atmósfera única que encendió nuevamente al público.

Ahora sí, llegaba el momento del último tema de la noche, y no podía ser otro que “Where Owls Know My Name”, uno de los himnos más importantes en la carrera de RIVERS OF NIHIL. Una verdadera exhibición de técnica, sensibilidad y poder, donde cada integrante brilló con luz propia, coronando una presentación impecable de principio a fin.

Con el público completamente rendido, la banda se despidió agradecida, prometiendo que este no sería un adiós definitivo, sino solo el comienzo de una relación que, sin duda, volverá a cruzar sus caminos con el público chileno en el futuro.

La presentación de RIVERS OF NIHIL fue, sin lugar a dudas, más que destacable. La banda realizó un recorrido equilibrado por toda su carrera, interpretando al menos un tema de cada uno de sus discos, un gesto que el público agradeció profundamente y que demuestra el respeto que mantienen por su trayectoria y por sus seguidores.

Sobre el escenario entregaron una propuesta sólida y convincente, sustentada en una ejecución precisa y una compenetración notable entre sus integrantes. Cada instrumento encontró su espacio dentro de una mezcla que, en su mejor momento, permitió apreciar con claridad el sonido auténtico y característico de la banda. Si bien existieron algunos percances técnicos durante parte del concierto —probablemente asociados a las exigencias propias de una propuesta tan agresiva y compleja, sumado a las limitaciones del recinto—, estos fueron siendo corregidos progresivamente, mejorando de manera evidente hacia el final del show.

Lo vivido en Epicentro fue un verdadero derroche de técnica, creatividad y personalidad musical. La fusión de sonidos poco habituales dentro del death metal, sumada a su enfoque progresivo y emocional, consolida a RIVERS OF NIHIL como una de las bandas contemporáneas más interesantes y destacadas del género a nivel mundial.

Agradecemos a la productora Monkey por permitirnos ser parte de este evento y acercarnos, una vez más, a experiencias musicales de alto nivel.

Review por Alvaro Parra
Fotografías por Sebastian Dominguez

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