Live Reviews
MALEVOLENT CREATION & MYSTIC CIRCLE en Chile: Noche de Brutalidad Extrema
Hablar de MALEVOLENT CREATION es remontarse a los cimientos de una de las escenas más influyentes y decisivas del metal extremo. Aunque la agrupación nació en Buffalo, Nueva York, en 1987, su posterior establecimiento en Florida la vinculó directamente con el movimiento que terminaría convirtiendo a ese estado en uno de los territorios fundamentales para el desarrollo del Death Metal estadounidense.
En una escena donde nombres como MORBID ANGEL, DEICIDE y OBITUARY ayudaron a definir los límites de un género cada vez más extremo, MALEVOLENT CREATION construyó un legado marcado por la agresividad, la velocidad y una precisión instrumental que transformó la brutalidad en una marca registrada.
La primera etapa de su discografía concentra algunas de las obras más representativas de esta identidad. The Ten Commandments (1991) contribuyó a posicionarlos en el circuito internacional. Un año después, Retribution (1992) reafirmó esa posición mediante una combinación de velocidad y contundencia, mientras que Stillborn (1993) cerró una trilogía fundamental de sus primeros años.
Más adelante, Eternal (1995) mostró una faceta de mayor elaboración técnica, demostrando que su sonido podía evolucionar sin abandonar la esencia brutal que definía a la agrupación.
Con Phil Fasciana como principal protagonista de su historia, MALEVOLENT CREATION ha atravesado décadas de transformaciones y cambios de formación sin perder su lugar entre los nombres esenciales del Death Metal estadounidense.
Esa herencia adquirió un significado especial en su presentación de anoche en Rock Bar Xperience, en Santiago, una cita enmarcada en los 35 años de The Ten Commandments, el disco que abrió el camino de una trayectoria decisiva para comprender la evolución del metal extremo.
Junto a los estadounidenses, desde Alemania llegó MYSTIC CIRCLE, haciendo su debut en nuestro país. Formada en 1992, la agrupación se destaca por combinar oscuridad, agresividad y elementos sinfónicos, con una propuesta que transita entre el Black Metal Melódico y el Blackened Death Metal, y que tuvo un papel relevante dentro de la escena extrema alemana de los años noventa.
DEATH YELL
Los encargados de abrir la jornada fueron los nacionales DEATH YELL, agrupación pionera y una de las más importantes del metal extremo chileno. Una banda de culto cuya historia está estrechamente ligada al nacimiento del Death Metal en Sudamérica durante la segunda mitad de los años ochenta.
Su sonido crudo contribuyó a forjar una identidad propia dentro de una escena underground que, desde Chile, comenzaba a proyectarse internacionalmente.
Con puntualidad comenzó una descarga de crudeza y agresividad que reafirmó el carácter de una de las agrupaciones fundamentales del metal extremo nacional. Desde The Parish, la banda desplegó ese sonido áspero y visceral que conecta sus raíces Death/Black Metal con la tradición más salvaje del underground.
Con Offering To The Priest y Confessions After Death, la agrupación profundizó esa estética opresiva, donde la velocidad y la distorsión son protagonistas. El repertorio continuó con Predatory Preacher y Unholy See, composiciones donde la crítica religiosa y la corrupción espiritual forman parte del imaginario de los nacionales.
La recta final, con Victim Or Hangman, Heavenly Injustice, Altar Servers y Obsessed By The Vision, mantuvo la descarga sin perder la identidad oscura del conjunto. Una gran combinación de guitarras, percusión contundente y una interpretación vocal visceral reforzó el carácter hostil del repertorio.
DEATH YELL volvió a poner en primer plano el valor de una vieja escuela nacional que ayudó a forjar la historia del metal extremo. Su presentación reivindicó la esencia más salvaje del Death/Black Metal chileno, demostrando que, después de décadas, su oscuridad sigue conservando intacta la fuerza de sus orígenes.
ATOMIC AGGRESSOR
Para continuar con la jornada llegó una banda nacional que no requiere mayor presentación: ATOMIC AGGRESSOR. Fundacional y una de las más importantes de la historia del Death Metal chileno, esta agrupación de culto ayudó a situar a Chile dentro del mapa internacional del metal extremo mucho antes de que el género alcanzara una difusión masiva.
Su presentación volvió a destacar una de las cualidades que distinguen a los pioneros del Death Metal nacional: la capacidad de combinar una agresividad visceral con una construcción musical pulida y exigente, repleta de quiebres y variaciones rítmicas.
La apertura con The Primal Chaos transmitió de inmediato esa propuesta a través de una composición llena de contrastes. Con Bleed In The Altar y Spawn Of Doom, la intensidad se mantuvo gracias a una combinación de agresividad, técnica y destreza instrumental.
El recorrido continuó con material más reciente de su breve, pero contundente discografía. Dwellers Of The Unknown, de The Occult Forces, permitió profundizar en el costado más oscuro de su música, donde las estructuras instrumentales amplían el alcance de la agresividad.
En Bloody Ceremonial, en cambio, apareció el peso histórico de una composición estrechamente ligada a los primeros años de la banda y a su demo de 1989. Una pieza fundamental para comprender su influencia en el underground chileno. La respuesta del público, entre cabeceos, gritos y muestras de entusiasmo, evidenció que esa historia no permanece encerrada en el pasado.
Con Souls Of Degradation y Sights Of Suffering, la agrupación mantuvo el equilibrio entre brutalidad y sofisticación, entre lo nuevo y lo antiguo, demostrando que los cambios rítmicos no son simples recursos para exhibir destreza, sino herramientas que aportan tensión y dinamismo a las composiciones.
La recta final, con Tormenting Voices y Beyond Reality, reafirmó la capacidad de ATOMIC AGGRESSOR para transformar esa complejidad en una experiencia demoledora. La primera, perteneciente a su trabajo más reciente, mantuvo la violencia característica de su Death Metal actual, mientras que la segunda aportó un cierre vinculado a sus orígenes y al legado de Bloody Ceremonial (1989).
En definitiva, ATOMIC AGGRESSOR ofreció en Sala RBX una demostración de por qué su nombre ocupa un lugar fundamental en la historia del metal extremo nacional. Su mayor virtud está en conseguir que la complejidad de sus composiciones no se convierta en un ejercicio frío o distante, sino en técnica puesta completamente al servicio de la música.
MYSTIC CIRCLE
Hablar de MYSTIC CIRCLE es adentrarse en una de las vertientes más teatrales, oscuras y sinfónicas del metal extremo europeo.
Los alemanes comenzaron a desarrollar una propuesta que trascendía la crudeza del Black Metal tradicional, incorporando elementos melódicos, arreglos de teclado y una atmósfera de marcado carácter épico.
Discos como Morgenröte – Der Schrei nach Finsternis (1996), Drachenblut (1998) e Infernal Satanic Verses (1999) representan etapas fundamentales de esa búsqueda.
Su propuesta no pretendía reproducir únicamente la crudeza del Black Metal de primera generación, sino dotarla de una dimensión cinematográfica, donde la composición y la ambientación desempeñan un papel tan importante como la propia intensidad instrumental.
Tras consolidar su nombre durante los noventa y ampliar su discografía con trabajos como The Great Beast (2001), Damien (2002) y The Bloody Path Of God (2006), la agrupación terminó separándose en 2008.
Su regreso discográfico en 2022, con el álbum homónimo Mystic Circle, marcó el inicio de una nueva etapa, seguida por Erzdämon (2023) y Hexenbrand 1486 (2025), trabajos que reafirman su voluntad de mantener vigente una identidad construida a lo largo de varias décadas.
Su presentación de anoche en Rock Bar Xperience, Sala RBX, adquirió así un significado especial que iba más allá de su participación como invitados de MALEVOLENT CREATION.
La actuación marcaba su debut en nuestro país, convirtiendo la visita en una oportunidad excepcional para presenciar en vivo a una agrupación cuya historia está estrechamente ligada a la evolución del Black Metal alemán.
En una jornada dedicada a distintas expresiones del metal extremo, MYSTIC CIRCLE aportó una perspectiva diferente. Frente a la violencia directa y la precisión implacable del Death Metal nacional y estadounidense, los alemanes representan una tradición en la que la oscuridad también se construye mediante atmósferas envolventes y melodías siniestras.
Su legado radica en haber desarrollado una identidad reconocible dentro de una escena europea que encontró en el satanismo, la mitología oscura y los arreglos sinfónicos nuevas formas de expandir los límites del género.
Su paso por Sala RBX fue, por tanto, una ocasión para reencontrarse con una banda que, después de años de silencio escénico, llegó a desplegar su particular universo de sombras frente al público chileno.
MALEVOLENT CREATION
Con media hora de anticipación respecto de lo previsto, el conjunto estadounidense tomó posesión del escenario. Ante un recinto repleto, la agrupación desplegó un repertorio que recorrió distintas etapas de su trayectoria, poniendo en primer plano esa combinación de velocidad, precisión y agresividad que convirtió su nombre en una referencia ineludible del metal extremo.
La apertura con Eve Of The Apocalypse, de Retribution (1992), instaló desde los primeros compases una descarga de riffs directos, veloces y contundentes que aportaron el impulso necesario para continuar con los eternos circle pits, protagonistas durante toda la jornada.
Premature Burial, de The Ten Commandments (1991), generó una atmósfera asfixiante mediante la estructura de sus riffs. En medio de una audiencia entregada, esa combinación de velocidad y brutalidad reforzó el carácter implacable de su propuesta.
Slaughter Of Innocence, de Retribution (1992), mantuvo la ofensiva con esa velocidad que caracteriza a la escena de Florida.
El recorrido por este mismo álbum encontró otro punto alto con Coronation Of Our Domain, una pieza donde la identidad de MALEVOLENT CREATION se manifiesta en la combinación de riffs incisivos y un doble pedal que mantiene la intensidad a tope.
Con Dominated Resurgency, procedente de Stillborn (1993), la presentación profundizó en la vertiente más visceral del repertorio. Aquí, la velocidad funciona como un elemento estructural, con pasajes donde la agresión musical se traslada directamente al centro de la pista, lugar en el que los motivados de siempre dieron rienda suelta a la locura.
El paso hacia Infernal Desire y Living In Fear, ambas pertenecientes a Eternal (1995), permitió reconocer otra faceta de la banda. Sin abandonar la brutalidad, estas canciones revelaron una composición capaz de trabajar con distintas intensidades y construir atmósferas que van más allá de la agresión.
El mérito de MALEVOLENT CREATION está en mantener la identidad del Death Metal más clásico mientras introduce matices que enriquecen el desarrollo de sus canciones.
Si hubo una composición capaz de condensar la dimensión más visceral de su propuesta, esa fue Multiple Stab Wounds, clásico de The Ten Commandments (1991). Su título explícito y su imaginario de violencia encuentran una traducción musical directa en los ataques de guitarra, la velocidad y una base rítmica demoledora.
La recta final continuó con Manic Demise, de The Fine Art Of Murder (1998), una pieza que remite a la descomposición mental y al colapso de una existencia llevada al límite. Musicalmente, su importancia radica en la capacidad de sostener la agresividad mediante riffs crudos y una intensidad que no concede tregua.
A estas alturas, la conexión entre banda y público se había transformado en uno de los elementos centrales de la experiencia. El caos incesante y la energía acumulada en el recinto acompañaron una interpretación demoledora.
Finalmente, Blood Brothers, de Eternal, cerró el recorrido con una composición cuyo título introduce una idea distinta dentro de un repertorio dominado por la muerte, la violencia y la destrucción.
La canción conserva la dureza característica del grupo, esta vez con un riff casi hipnótico y controlado, sin que la banda tenga que renunciar a la ferocidad que define su sonido.
El repertorio permitió recorrer las distintas etapas de la discografía de MALEVOLENT CREATION, desde la crudeza fundacional de The Ten Commandments y la consolidación estilística de Retribution, hasta la evolución compositiva reflejada en Stillborn, Eternal y The Fine Art Of Murder.
Una selección que dejó en evidencia la continuidad de una propuesta que ha sobrevivido a los cambios de formación y al paso del tiempo gracias a una convicción musical inalterable.
Review por Luis Palma
Fotografías por Rubén Garate
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