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EPICA junto a FLESHGOD APOCALYPSE en Chile: Uno Noche de Sinfonía y Metal

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El metal sinfónico se tomó el TEATRO CAUPOLICÁN en un caluroso 16 de septiembre que será recordado, principalmente, por el regreso de una de las bandas más importantes del género: EPICA. Los neerlandeses llegaron presentando su más reciente trabajo de estudio, Aspiral, lanzado en abril de este año, un disco que ha generado críticas divididas pero, en su mayoría, positivas. La jornada contó además con invitados de lujo: los italianos FLESHGOD APOCALYPSE y los nacionales DECESSUS.

DECESSUS fue el encargado de abrir esta noche cargada de contrastes y emoción. Con su propuesta de metal extremo con tintes sinfónicos, la banda chilena entregó una actuación sólida y bien recibida por quienes llegaron temprano al recinto. Si bien muchos aún se acomodaban en sus lugares, la intensidad del grupo no pasó desapercibida, dejando claro por qué fueron seleccionados para formar parte de esta potente velada. Su sonido oscuro, combinado con una ejecución precisa, marcó el inicio perfecto para una jornada que iría en constante ascenso.

A las 20:00 horas en punto, las luces del Caupolicán se apagan para dar paso a la brutal presentación de Fleshgod Apocalypse, quienes llegaban en esta ocasión con un set cargado de su más reciente disco Opera. Fieles a su puesta en escena, aparecieron con sus vestimentas características y con Verónica Bordacchini portando un estandarte de la bandera italiana, su rostro pintado con los colores de nuestra bandera, mientras a cada lado del escenario los micrófonos se alzaban adornados con calaveras y la bandera chilena envolviendo los atriles. La introducción “Ode to Art – De’Sepolcri” fue la encargada de abrir una velada que prometía ser apoteósica.

Tras esa solemne entrada, la banda descargó “I Can Never Die”, también de su nuevo trabajo, demostrando con un sonido impecable por qué son considerados maestros del Death Metal Sinfónico. La respuesta fue inmediata: un estallido de euforia entre los asistentes que coreaban y levantaban los puños, contagiados por la intensidad de la música.

Enseguida, Francesco Paoli, con su imponente voz gutural, se dirigió al público para agradecer la energía y recalcar lo especial que era para ellos estar de vuelta en Chile. Sin dar respiro, llegó el turno de uno de sus clásicos: “Minotaur (The Wrath of Poseidon)”, una de las piezas más oscuras y brutales de su repertorio, donde la combinación entre la voz soprano de Verónica y los guturales de Francesco alcanzó uno de los momentos más memorables de la noche.

Otro clásico no podía faltar en este inicio demoledor: “The Fool”, tema que desató la locura en el Caupolicán. El público respondió con un frenesí total, contagiado por la energía de la banda. Hubo un momento especialmente llamativo cuando el baterista dejó su instrumento —siendo reemplazado brevemente por el pianista para golpear los platillos— y se acercó a la audiencia para incitar a levantar los puños y gritar junto a él. Un gesto que encendió aún más la atmósfera y marcó uno de los puntos altos de la presentación.

El show continuó con “Pendulum” y “Sugar”, donde Fleshgod Apocalypse mantuvo intacta su intensidad y su estrecha interacción con los espectadores. Los pasajes de piano resaltaron con una claridad sorprendente durante todo el concierto, aportando esa capa melódica que se entrelazaba con la brutalidad de las guitarras y la percusión, generando un balance perfecto que la audiencia supo disfrutar al máximo.

Nuevamente Francesco Paoli tomó la palabra, señalando que lo que ocurría en el Caupolicán era una auténtica locura y preguntando si lo estábamos pasando bien, a lo que el público respondió con un estruendoso coro de “¡Sí!” y “Yes!”. Con una sonrisa, anunció que la siguiente canción era “ideal para bailar” y nos pidió acompañarlo con un gesto. Acto seguido, tomó una de las banderas que adornaban el escenario y bromeó con que sería el premio para el mejor bailarín de la noche. Sonaron entonces los primeros acordes de “Morphine Waltz”, que si bien difícilmente invita a danzar como tal, generó sonrisas y desconcierto entre el público.

La fiesta prosiguió con “No”, coreada con fuerza por los asistentes, y “Bloodclock”, interpretada con una emotiva dedicatoria tras la triste noticia del fallecimiento de Tomas Lindberg, legendario vocalista de At The Gates.

Llegó entonces el turno de Verónica Bordacchini, quien se dirigió al público en un español muy digno, saludándonos y preguntando cómo estábamos. Con simpatía reconoció que su dominio del idioma no era el mejor, pero que no importaba, porque estaba allí, en ese instante, compartiendo música junto a sus hermanos de banda y con nosotros. Luego pidió, ya en inglés, que entendiéramos los flashes de nuestros celulares para acompañar “Epilogue”, uno de los pasajes más introspectivos de la noche. Como es habitual en estos momentos, el Caupolicán se transformó en una postal de luces que reforzó aún más la conexión entre la banda y el público.

El clímax final se aproximaba, y con “The Violation”, un clásico absoluto, la cancha del teatro se convirtió en terreno de moshpits instantáneos que no dieron respiro. Para cerrar, la banda anunció que aún quedaba tiempo para una última sorpresa: Eugene Ryabchenko (batería) se acercó al piano para interpretar, entre bromas y risas, los primeros acordes de “Blue (Da Ba Dee)”, antes de regresar a su batería y desatar una inesperada y potente versión al estilo Fleshgod Apocalypse.

En exactamente una hora de show, Fleshgod Apocalypse entregó una presentación impecable, derrochando talento en cada una de sus notas. La mezcla entre la brutalidad del metal extremo y la majestuosidad de los pasajes de piano brilló con una claridad sorprendente, logrando un balance que rara vez se escucha en vivo. A esto se sumó la riqueza vocal que contrasta los guturales de Francesco con la lírica soprano de Verónica, un sello distintivo que hace única a la banda y que, en esta noche, alcanzó momentos memorables. Sin duda, un show que dejó al público encendido y con la esperanza de volver a recibirlos pronto en nuestro país.

Con un retraso de media hora en la programación, a las 21:30 horas finalmente llegó el momento más esperado: tras tres largos años de ausencia, Epica regresaba al Caupolicán para deleitarnos con sus clásicos y presentar parte de su nuevo material. El teatro volvió a sumirse en la oscuridad mientras los miembros de la banda tomaban posición, y la expectación se sentía como una descarga eléctrica en el aire.

En un estallido de acordes, la elegida para abrir fue “Cross the Divide”, pieza de su más reciente trabajo, que de inmediato desató saltos, coros y vítores desde la cancha hasta la galería. Sin duda, una excelente elección para iniciar el show y, a la vez, una de las joyas más sólidas de su última entrega.

Sin dar respiro, la banda continuó con “Unleashed”, bajando un poco la intensidad para dar paso a pasajes más emotivos y conmovedores, en gran parte gracias a la calidez y espectacular interpretación vocal de Simone Simons, que desde el primer instante volvió a hechizar a todo el público presente.

Llegó el turno de un clásico infaltable: “Sensorium”, proveniente de su álbum debut The Phantom Agony. Un tema hermoso que encendió la nostalgia entre los fanáticos más antiguos y donde además se vivió un momento simpático con un pequeño intercambio de “gestos de bofetadas” entre el guitarrista y el tecladista, reflejando lo bien que lo pasa la banda sobre el escenario. En este tema también se destacó la imponente voz gutural de Mark Jansen, guitarrista principal y cerebro creativo de esta poderosa agrupación.

Tras ello, Simone Simons se dirigió al público con calidez, agradeciendo emocionada y destacando lo increíble que era estar de vuelta en Chile. A continuación, interpretaron “Apparition”, uno de los destacados de su más reciente álbum, que arrancó con riffs potentes y una ejecución impecable. La voz de Simone brilló con una fuerza descomunal, demostrando que la banda mantiene intacta su esencia, aun después de tantos años y con nuevos materiales en su repertorio.

Antes de continuar con el repertorio, Simone Simons tomó nuevamente el micrófono entre gritos y vítores, y con una sonrisa radiante nos dijo literalmente: “¡Ustedes son la mejor audiencia del mundo!”. Sus palabras encendieron aún más al público, que respondió con aplausos, cánticos y saltos que hicieron vibrar todo el Caupolicán. Con esa energía desbordante, la banda dio paso a otro de sus clásicos: “The Last Crusade”, que se desplegó con toda su fuerza, desatando un rugido colectivo que recorrió todo el Caupolicán, entre saltos, coros y un entusiasmo que parecía no tener fin.

El público comenzó a corear sin descanso: “¡Epica, Epica, Epica!”, a lo que la banda respondió con un agradecido “¡Gracias!”. Sin perder tiempo, llegó “The Obsessive Devotion”, un tema pesado que desató la euforia de todos los presentes, ejecutado con precisión absoluta y mostrando la potencia y cohesión de la banda en vivo.

Ya acercándonos a la mitad del set, Epica presentó dos canciones nuevas: primero “Fight to Survive”, que obtuvo una excelente respuesta del público, y luego “Arcana”, el primer single de su más reciente álbum. Aunque bien recibido, este último fue quizá el menos disfrutado de la tanda de temas nuevos, aunque igualmente interpretado con toda la fuerza característica de la banda.

El show continuó con un clásico de antaño: “Unchain Utopia”, que en vivo funciona de manera espectacular. El coro, acompañado de las orquestaciones casi cinematográficas, hizo vibrar el teatro y contagió a la audiencia de energía y emoción. Tras este clímax, llegó la balada de la noche, “Aspiral”, perteneciente al nuevo LP, que aportó un momento de melancolía y contemplación, equilibrando perfectamente la intensidad de la velada.

“Design of Universe” fue el tema escogido para cerrar la primera parte del show antes del encore. Con casi diez minutos de duración, se convirtió en uno de los puntos más altos de la noche, condensando en cada acorde la esencia de Epica: la fusión de potencia, melancolía y majestuosidad que caracteriza a la banda. Durante la interpretación, el público se sumergió por completo en la música, acompañando con coros, gestos y un entusiasmo que no bajó ni un instante. Fue un momento que dejó en claro por qué este tema es tan emblemático en sus conciertos.

 

Y así comenzamos la última etapa de esta espectacular presentación. Tras preguntar al público si queríamos más, y recibir una respuesta enérgica y ensordecedora, Simone Simons exclamó: “¡Canten conmigo!”, mientras los primeros acordes y su canto operístico daban inicio a “Cry For the Moon”, una de las joyas de su álbum debut. La multitud respondió al instante, coreando el legendario coro “Forever and Ever!”, mientras Simone lideraba la melodía operística que elevó la atmósfera a niveles casi teatrales. Cada nota, cada gesto de la banda y cada reacción del público hicieron que este momento fuera inolvidable.

 

Sin dar respiro, la banda continuó con “Beyond The Matrix”, uno de los cortes más potentes de sus trabajos recientes. El teatro vibraba al compás de las guitarras, la batería y la impresionante combinación de voces, manteniendo la intensidad en su punto máximo y recordando que Epica no solo brilla en los clásicos, sino también en sus nuevas composiciones.

 

Finalmente, llegó el cierre definitivo. Simone invitó a la audiencia a prepararse para un circle pit en la cancha, y cuando sonaron los primeros acordes de “Consign To Oblivion”, el público respondió con un mosh pit furioso, comparable a cualquier concierto de Thrash Metal. La energía desbordante, los saltos, los coros y la intensidad de la banda cerraron la noche de manera apoteósica, dejando a todos con el corazón latiendo al ritmo del metal sinfónico más potente.

 

Esta velada en el Teatro Caupolicán fue, sin duda, memorable. Quedó en evidencia la calidad de cada uno de los músicos, su carisma y dominio absoluto del escenario. La gigante Simone Simons se llevó todas las miradas y los aplausos, deleitándonos con su voz majestuosa y reafirmando por qué Epica sigue siendo una de las bandas más destacadas del metal mundial.

 

Queda la esperanza de un regreso próximo de estos talentosos artistas, y no podemos dejar de agradecer a la productora FanLab por permitirnos ser testigos de un espectáculo de tal magnitud, un show que será recordado por todos los presentes durante mucho tiempo.

¡SOMOS METAL! PowerOfMetal.cl 🤘

Review: Alvaro Parra
Fotografías: Francisco Perez

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